El BCRA asegura que la pobreza bajó, pero en Misiones el consumo cayó casi 30% en dos años

El Banco Central de la República Argentina informó que la pobreza descendió al 31% a nivel nacional hacia fines de 2025. El dato forma parte del último Informe de Política Monetaria y es presentado como una consecuencia directa de la desaceleración inflacionaria, el equilibrio fiscal y el freno a la emisión monetaria. Desde la mirada macroeconómica, el organismo sostiene que la estabilización de precios permitió una mejora en los ingresos reales y, con ello, una reducción de los niveles de pobreza.

Sin embargo, cuando se observan indicadores clave de la economía real en las provincias, el panorama muestra tensiones que no aparecen en el promedio nacional. En Misiones, el consumo masivo —uno de los principales termómetros del poder adquisitivo— atraviesa una contracción profunda y sostenida. Entre 2023 y 2025, las ventas reales en supermercados cayeron un 27,9%, según datos de la consultora Politikon Chaco elaborados sobre estadísticas oficiales. En términos simples: hoy se compran casi tres de cada diez productos menos que hace dos años.

El retroceso no es un fenómeno aislado ni concentrado en un solo mes. Solo en noviembre de 2025, las ventas reales en supermercados misioneros registraron una caída interanual del 9,8%, a lo que se sumó una contracción mensual del 5,1% respecto de octubre. Estos datos confirman que el consumo no mostró señales de recuperación hacia el cierre del año, sino que continuó profundizando su descenso.

La facturación total del sector alcanzó en noviembre los 24.860 millones de pesos, un número que podría sugerir un repunte. Sin embargo, el análisis a precios constantes muestra otra realidad. El crecimiento fue puramente nominal y estuvo impulsado por aumentos de precios, no por un mayor volumen de ventas. Al descontar la inflación, el consumo real siguió cayendo. Incluso el indicador ajustado por superficie comercial —que mide cuánto se vende por metro cuadrado— mostró un descenso del 7,6%, lo que descarta que la caída se deba a cambios en la cantidad de locales o en la estructura del mercado.

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Desde el punto de vista técnico, este comportamiento revela un deterioro persistente del ingreso disponible de los hogares. Aunque la inflación se desacelere, si los salarios reales no logran recomponerse al ritmo de los precios acumulados, el efecto inmediato es una reducción del consumo. El supermercado expone ese ajuste con crudeza: menos unidades compradas, sustitución de marcas, eliminación de productos no esenciales y compras cada vez más espaciadas.

La comparación con 2023 refuerza esta lectura. En apenas dos años, Misiones perdió casi el 28% de su consumo en supermercados, una caída que no puede explicarse como coyuntural. Se trata de una contracción prolongada, vinculada a un mercado interno debilitado por el ajuste fiscal y monetario aplicado a nivel nacional, que impactó de manera directa sobre los ingresos de trabajadores, jubilados y pequeños comerciantes.

Las consecuencias ya se reflejan en la economía cotidiana. Comercios con ventas en retroceso, reducción de horarios, achique de personal y un aumento de los pedidos de procedimientos preventivos de crisis forman parte del escenario actual. Sectores ligados al consumo masivo advierten además sobre suspensiones, despidos y un crecimiento de la informalidad laboral, señales que tensionan el tejido económico provincial.

Fuente: Informe de Política Monetaria, BCRA (última edición)

En el contexto nacional, Misiones se ubicó entre las provincias con mayor caída del consumo en supermercados, solo detrás de La Rioja, Tucumán y Corrientes. Lejos de mostrar una recuperación, el desempeño del sector confirma que el ajuste tuvo efectos directos sobre el mercado interno y el empleo. No es casual: el supermercado es uno de los indicadores más sensibles del bienestar social, porque refleja de manera inmediata cuánto y cómo consumen las familias.

La contraposición entre los datos del Banco Central y la evolución del consumo no implica negar la baja de la pobreza ni cuestionar de forma directa la metodología oficial. Lo que plantea es una pregunta central para el análisis económico: cómo se traduce la mejora de los indicadores macroeconómicos en la vida cotidiana de las provincias donde el consumo real continúa cayendo. Cuando las estadísticas nacionales muestran avances y el volumen de compras sigue en descenso, la tensión entre ambos planos deja de ser técnica y se convierte en un interrogante social que merece ser explicado.

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